13 Sep Un sacaleches no es suficiente: proteger la lactancia desde las primeras horas
Hay situaciones en las que la extracción de leche después del parto puede ser necesaria desde las primeras horas porque el bebé no puede estimular el pecho de forma eficaz.
Puede haber una separación madre-bebé, un bebé prematuro, muy dormido o con dificultades para mamar, o una madre con factores que hacen recomendable prestar especial atención al inicio de la producción.
En estas circunstancias, disponer de un sacaleches y comenzar una estrategia de extracción puede ser clave para proteger la producción y dar continuidad a una lactancia que, de otro modo, podría verse comprometida.
Y eso es importante. Pero entregar un sacaleches no significa que ya hayamos protegido esa lactancia.
Porque utilizarlo de forma eficaz requiere mucho más que explicar dónde colocar el embudo, qué botón pulsar y cuánto tiempo mantener la extracción.
Hay que observar cómo responde ese pecho, ajustar la técnica y la talla del embudo, valorar si se está produciendo una buena eyección de leche y si la extracción está siendo realmente eficaz, y acompañar la evolución durante las horas y días siguientes.
Y todo esto ocurre, además, en un momento especialmente sensible.
Porque delante de esa máquina hay una mujer que acaba de parir. Puede estar cansada, dolorida, preocupada por su bebé o intentando adaptarse a un inicio de lactancia muy diferente al que había imaginado.
Por eso, utilizar un sacaleches es mucho más que saber dónde está el botón de encendido.
Es entender qué necesita ese pecho para establecer la producción, pero también qué necesita esa madre para poder sostener ese proceso.
Cómo se establece la producción de leche después del parto
Para entender por qué la extracción puede ser tan importante en determinadas situaciones, primero hay que entender cómo se establece la producción de leche después del parto.
Durante el embarazo, la mama se prepara para producir leche. Tras el nacimiento de la placenta y el descenso de la progesterona comienza la activación secretora, lo que habitualmente conocemos como la “subida de la leche” o lactogénesis II.
A partir de ahí, la producción depende cada vez más de la retirada de leche del pecho.
De forma coloquial hablamos de “vaciar el pecho”, pero en realidad el pecho nunca queda completamente vacío, porque la producción es continua. Cuando la leche se retira con frecuencia y de forma eficaz —ya sea porque mama el bebé o mediante un sacaleches—, la producción se adapta progresivamente a esa demanda. Si permanece acumulada durante más tiempo, la síntesis se va enlenteciendo.
En una lactancia que comienza sin dificultades, es el propio bebé quien realiza este trabajo: mama, estimula el pecho y retira leche.
Pero no siempre puede hacerlo. La prematuridad, la separación madre-bebé, algunas enfermedades neonatales o una succión poco eficaz pueden hacer que la transferencia de leche sea insuficiente.
Además, algunos factores maternos, como la diabetes gestacional, se asocian con mayor riesgo de retraso en la activación secretora. Esto no implica necesariamente una baja producción, pero sí puede justificar una vigilancia más estrecha.
En estas circunstancias, la extracción no sirve solo para conseguir leche para ofrecer al bebé: también ayuda a proporcionar al pecho la estimulación y la retirada de leche necesarias para establecer la producción.
Y aquí aparece otra cuestión importante: cuándo empezar.
Cuándo empezar la extracción de leche después del parto
Cuando el bebé no está retirando leche de forma eficaz, surge una pregunta importante: ¿cuándo conviene empezar a extraer?
Durante años se ha hablado de iniciar la extracción muy precozmente, incluso durante la primera hora después del nacimiento, especialmente cuando madre y bebé están separados.
La idea tiene sentido desde el punto de vista fisiológico y algunos primeros estudios encontraron resultados prometedores. Sin embargo, la evidencia posterior obliga a matizarla.
Un pequeño ensayo realizado en madres de bebés de muy bajo peso observó una mayor producción cuando la extracción comenzaba durante la primera hora. Años después, un estudio más amplio no confirmó que empezar antes de 60 minutos fuese superior a hacerlo unas horas más tarde.
Por eso, cuando el bebé no puede retirar leche eficazmente, conviene no demorar innecesariamente el inicio de una estrategia de extracción, pero sin convertir la primera hora en un límite rígido.
Y el momento de inicio es solo una parte. También importa qué ocurre después: la frecuencia de las extracciones, su eficacia, la comodidad de la madre, el ajuste del equipo y la posibilidad de revisar la estrategia cuando la producción no evoluciona como esperamos.
Las primeras horas importan, pero proteger la producción no consiste en competir contra el reloj.
Una extracción eficaz necesita algo más que frecuencia
Empezar pronto puede ser importante, pero no basta con poner un sacaleches y repetir extracciones. También necesitamos que esas extracciones sean eficaces y estén adaptadas a cada mujer.
Durante una toma o una extracción, la leche no fluye de forma constante. Se producen varios reflejos de eyección a lo largo de la sesión, y el número, el momento en el que aparecen y el patrón que siguen pueden variar entre mujeres.
Los estudios muestran, además, que cada mujer tiende a mantener un patrón de eyección relativamente propio y estable.
Esto ayuda a entender por qué no todas las mujeres responden de la misma manera ante un mismo sacaleches o una misma pauta de extracción. La fisiología de la eyección es solo una parte: también influyen la cantidad de leche disponible, el ajuste del embudo, el vacío utilizado, el patrón de extracción y la comodidad de la madre.
Por eso importa observar qué sucede durante la extracción y no limitarse a indicar un tiempo o una configuración estándar.
El ajuste del embudo, el vacío utilizado, el patrón de extracción, la aparición de los reflejos de eyección y la comodidad de la madre pueden modificar el resultado.
Y ahí es donde la extracción deja de ser simplemente una indicación y empieza a necesitar observación, adaptación y acompañamiento.
El embudo también forma parte de la extracción
Medir el pezón puede servir como punto de partida, pero elegir un embudo adecuado es un proceso dinámico.
Hay que observar qué ocurre mientras la madre está extrayendo: cómo se mueve el pezón, si existe dolor o rozamiento, cómo aparece el flujo de leche y qué sucede al probar otros tamaños.
La investigación sobre el ajuste de los embudos sigue siendo limitada, pero apunta precisamente hacia esa individualización.
Talla del embudo del sacaleches: guía para elegir el tamaño correcto
Más vacío tampoco significa necesariamente mejor extracción
Con el vacío ocurre algo parecido.
El objetivo no es utilizar la máxima potencia que permite el sacaleches, sino encontrar el máximo vacío que resulte cómodo para esa mujer. Algunos estudios han observado que, dentro de ese límite de comodidad, aumentar el vacío puede mejorar el flujo y la cantidad de leche retirada.
Pero “máximo confortable” y “máxima potencia” son conceptos muy diferentes.
Una extracción no debería necesitar dolor para funcionar.
El dolor, la tensión o una sensación desagradable sostenida tampoco son aspectos que debamos normalizar como parte del proceso. Sabemos que el estrés agudo puede interferir con la liberación de oxitocina y dificultar el reflejo de eyección en algunas circunstancias.
Por eso, si aumentar el vacío provoca dolor o incomodidad, la respuesta no debería ser simplemente intentar soportarlo. La comodidad también forma parte de una extracción eficaz.
No todas las mujeres necesitan la misma pauta de extracción
Tampoco existe una duración que funcione igual para todas. Observar el patrón de flujo, los reflejos de eyección y la evolución de la producción ofrece mucha más información que mirar únicamente el cronómetro.
Los reflejos de eyección aparecen en distintos momentos de la extracción y cada mujer tiende a presentar un patrón relativamente propio. Algunas concentran gran parte de la retirada de leche en los primeros minutos; otras necesitan más tiempo o presentan nuevas eyecciones más adelante.
Por eso, indicar siempre “10”, “15” o “20 minutos” puede ser una referencia práctica, pero no debería sustituir a observar qué está ocurriendo durante la extracción.
En consulta, hay mujeres que consiguen una extracción eficaz en pocos minutos y otras en las que resulta útil modificar la pauta: hacer una pausa, cambiar el patrón de succión o volver temporalmente a una fase de estimulación cuando el flujo disminuye.
Estas estrategias deben entenderse como formas de adaptar la extracción a la respuesta de esa mujer, no como una secuencia universal que funcione mejor para todas.
Observar el flujo de leche, la aparición de nuevos reflejos de eyección, la comodidad y la evolución de la producción aporta más información que aplicar siempre el mismo número de minutos.
La pauta también se individualiza.
Extracción manual en las primeras horas: el sacaleches no es la única opción
Cuando hablamos de extracción de leche después del parto, es fácil pensar directamente en una máquina. Pero el sacaleches no es la única herramienta disponible.
Durante las primeras horas se producen pequeñas cantidades de calostro. Eso es fisiológico y que una bomba recoja poco volumen no permite concluir por sí solo que exista una baja producción.
En ese momento, la extracción manual puede ser especialmente útil para estimular el pecho y recoger pequeñas cantidades de calostro que a veces resultan difíciles de recuperar con determinados sistemas de bombeo.
La evidencia disponible no permite afirmar que exista un método universalmente superior. Una revisión Cochrane concluyó que la elección depende del momento de la lactancia, del objetivo de la extracción y de las circunstancias de cada madre y su bebé.
Incluso un pequeño ensayo realizado en madres de bebés a término que mamaban con dificultad durante las primeras 12–36 horas encontró mejores tasas posteriores de lactancia entre quienes aprendieron extracción manual que entre quienes comenzaron con un sacaleches eléctrico. Es un resultado interesante, aunque no permite generalizarlo a todas las situaciones.
A veces nuestras manos también son tecnología.
La pregunta, por tanto, no debería ser únicamente «¿qué sacaleches utilizamos?», sino «¿qué forma de extracción necesita esta madre en este momento?»
El entorno también puede influir en la extracción de leche
La técnica importa, pero la extracción tampoco ocurre aislada de las circunstancias en las que se encuentra esa mujer.
Hay una comparación que utilizo a veces para explicarlo. Quizá alguna vez has estado de viaje y te ha costado ir al baño y, al llegar a casa, tu cuerpo parece reconocer inmediatamente que está en un lugar conocido y seguro.
No son procesos fisiológicos iguales, pero el ejemplo ayuda a comprender que nuestro cuerpo no funciona completamente al margen del contexto.
La oxitocina participa en los reflejos de eyección y sabemos que el estrés agudo puede interferir en este proceso en determinadas circunstancias.
Eso no significa que una madre tenga que estar perfectamente relajada para que salga leche. Y me parece importante no convertir la relajación en una obligación más.
Una mujer que acaba de parir puede estar dolorida, preocupada, cansada o separada de su bebé.
Por eso, en lugar de decirle «relájate», quizá deberíamos preguntarnos:
¿qué podemos hacer para que tenga que luchar contra menos cosas mientras intenta extraerse leche?
Privacidad, una postura cómoda, información comprensible, contacto con su bebé cuando sea posible y saber que unas gotas de calostro no significan fracaso pueden formar parte del acompañamiento.
Entregar un sacaleches no es lo mismo que acompañar una extracción
En consulta observo con frecuencia que una extracción que parecía no funcionar cambia cuando dejamos de repetir automáticamente la misma pauta y empezamos a preguntarnos qué está ocurriendo realmente.
A veces hay que cambiar un embudo. Otras, ajustar el vacío, combinar extracción manual y mecánica o modificar la pauta.
Pero acompañar significa también algo más importante: revisar la evolución.
No tiene sentido mantener durante días una estrategia que no está consiguiendo estimular adecuadamente la producción sin intentar comprender por qué.
Y en ocasiones el problema ni siquiera está en el sacaleches. Puede ser necesario valorar la causa por la que el bebé no está retirando leche, revisar la evolución de la lactancia o buscar otros factores que estén interfiriendo.
Por eso, un sacaleches es una herramienta, no un diagnóstico ni un tratamiento completo para cualquier dificultad de producción.
Una revisión publicada en 2026 sobre extracción de leche en madres de bebés a término señala precisamente que siguen existiendo lagunas importantes en la información práctica que reciben las mujeres sobre cómo utilizar estas tecnologías y que muchas describen falta de orientación y apoyo.
Más tecnología no sustituye necesariamente a más conocimiento.
Y tampoco sustituye a la continuidad de los cuidados.
Proteger la lactancia también requiere recursos en las maternidades
Si recomendamos a una mujer utilizar un sacaleches para establecer o mantener la producción, también debemos preguntarnos qué recursos estamos poniendo a su disposición para conseguirlo.
¿Hay equipos adecuados y diferentes tamaños de embudo?
¿Los profesionales cuentan con formación específica para valorar una extracción?
¿Existe tiempo para observar qué ocurre y reajustar la estrategia?
¿Podemos revisar después si aquello que indicamos está funcionando?
¿Existe continuidad entre maternidad, neonatología y los profesionales que acompañarán a esa familia después del alta?
OMS, UNICEF y la Academy of Breastfeeding Medicine incluyen la competencia profesional y el apoyo al inicio y mantenimiento de la lactancia entre los elementos necesarios de una atención sanitaria que realmente la favorezca.
Y aquí la responsabilidad deja de estar únicamente sobre los hombros de la madre.
No podemos pedirle que establezca una producción mediante extracción y considerar después que el resultado depende solo de cuánto se esforzó.
Hay bebés que no pueden retirar leche eficazmente. Hay circunstancias obstétricas, metabólicas o neonatales. Y también hay sistemas sanitarios con más o menos formación, tiempo, equipos y capacidad de seguimiento.
Apoyar la lactancia también significa invertir en quienes tienen que acompañarla.
Proteger la lactancia también es anticiparse
A veces proteger una lactancia significa favorecer simplemente las condiciones para que pueda empezar.
Facilitar el piel con piel, evitar separaciones innecesarias y permitir que madre y bebé tengan tiempo para encontrarse puede favorecer el inicio del agarre y de la succión cuando no existen otras dificultades.
Pero otras veces necesitamos darnos cuenta pronto de que ese bebé no está estimulando o retirando leche de forma suficiente.
Y anticiparse, en esos casos, no significa únicamente poner un sacaleches.
Significa empezar a proteger la producción mientras, al mismo tiempo, buscamos y abordamos la causa por la que ese bebé no está mamando eficazmente.
Porque la extracción puede ayudarnos a ganar tiempo, pero no debería hacernos olvidar qué problema estamos intentando resolver.
Y aquí vuelve a ser importante comprender la fisiología.
Si no entendemos cómo se establece y regula la producción, es fácil que la respuesta termine reduciéndose a indicar un sacaleches, una frecuencia y un número de minutos.
Pero una extracción eficaz necesita mucho más que una pauta escrita.
Necesitamos saber por qué extraemos, observar si la estrategia está funcionando y modificarla cuando la respuesta no es la esperada.
La tecnología puede ser una herramienta extraordinaria, pero sigue siendo eso: una herramienta dentro de un plan más amplio.
Anticiparse no es intervenir más. Es reconocer antes qué necesita esa madre y ese bebé y ofrecer el apoyo adecuado antes de que la dificultad se haga mayor.
Y quizá ahí está la diferencia entre disponer de tecnología y saber utilizarla para proteger una lactancia: el acompañamiento es lo que le da sentido.
Enlaces externos relevantes
Guía OMS sobre apoyo a la lactancia en maternidades
Iniciativa Hospital Amigo del Niño de OMS/UNICEF
Protocolo ABM #7 sobre maternidades y apoyo a la lactancia
Revisión Cochrane sobre métodos de extracción de leche
Referencias
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